En la década de 1950, Solita era un territorio en formación. Tras el retiro de la Texas Petroleum Company, sus terrenos fueron adquiridos por la FAC y luego por la Curia, destinándolos a proyectos sociales.
En 1952, llegaron los misioneros italianos de la Congregación de la Consolata, entre ellos los padres Basilio Vettori y Fortunato Really, quienes visualizaron un centro educativo para los hijos de colonos y campesinos.